Hubo un tiempo en que hablar de mueble castellano era casi como invocar al coco. Nuestros yos de no hace tanto se llevaban las manos a la cabeza sin entender en qué estaban pensando nuestros padres, abuelos, cuando decidieron decorar las casas españolas con esas piezas tan pesadas, tan serias y tan oscuras. Quizá no era el diseño en sí, quizá era el hecho de llenar todo el salón del mismo tipo de diseño... Pero esto lo aprendimos algo más tarde.

Sí, el mueble castellano vuelve. Mejor dicho, ya ha vuelto.

Y, como suele pasar lamentablemente, son nuestros vecinos europeos los que han empezado a poner ojitos a esas piezas que nosotros denostamos o —peor— pintamos con chalk paint y a introducirlas en interiores absolutamente contemporáneos, de la mano de firmas tan potentes —y livianas— como, por ejemplo, las lámparas Noguchi.

Diseño casi siempre anónimo

Pero empecemos por el principio, ¿de qué hablamos hoy cuando hablamos de mueble castellano? Se trata de aquel mueble fabricado en los años 60, 70 y 80, de formas rotundas, en las que se repiten los cuarterones, los diseños vegetales y las bisagras enormes de forja. Muebles a medio camino entre lo rústico y lo caballeresco que se inspiraban en aquellos, con más de cien años y maderas macizas de nogal o castaño, propios de las grandes fincas o mansiones y que a su vez miraban a las formas del Plateresco del XVI y XVII.

«Estos son los más difíciles de encontrar, los llamamos los Santos Griales. La mayoría de los que encontramos en el mercado, y en las casas hoy, son los muebles fabricados en la segunda mitad del XX, que no son totalmente de madera maciza, sino con una parte de contrachapado» — Bartosz Zygmunt, Fargo Furniture

Fargo Furniture es un equipo formado por el sueco Bartosz, Marc Casamajo Gibert, su fundador hace 17 años, y Marcos Di Carlo, la última incorporación, los tres formados en el ámbito del diseño. Desde su taller showroom de Barcelona, trabajan para dar a conocer el mejor diseño contemporáneo español. Piezas del siglo XX, muchas veces anónimas y desconocidas incluso para los locales, creadas por gremios de artesanos y muy aptas para competir con sus coetáneas europeas.

Británicos y belgas, sus fans

Su cuenta de Instagram, con 2.300 seguidores "casi todos clientes", es su portfolio y su forma de contacto. Es allí donde uno comienza a reconciliarse con el mueble castellano. La geometría de sus cuarterones, mezclada con la enea rústica y las lámparas de alabastro se equilibran y dan consigo entornos totalmente actuales.

«Las piezas se venden al momento. De hecho, muchos muebles ya se han vendido antes de que nos dé tiempo a publicarlos en la red» — Bartosz Zygmunt

La mayoría de las piezas que encuentran no requieren más que de un pequeño lavado de cara, unificar el tono de la madera, arreglar alguna zona de la chapa que se ha levantado..., aunque en ocasiones el diseño se amolda con pequeños cambios a los gustos de hoy, por ejemplo, sustituyendo las bisagras de forja por otras interiores. Adaptado o no, es hora de que regrese del exilio.

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